Nos casamos en...

Esta es la fachada de la iglesia, a la izquierda las antiguas Atarazanas, a la derecha el Hospital.



...la iglesia de San Jorge. ¿Que no sabes cuál es? Quizás mejor si decimos que nos casamos en la iglesia del Hospital de la Caridad. 

No tardamos mucho en decidirnos por esta sede. Era nuestra primera opción, porque iglesias bonitas en Sevilla hay muchas, pero que reunieran todos los requisitos que nos gustaban no tantas. Digamos que somos un poco perfeccionistas, y queríamos que también la elección del templo fuera la idónea para nosotros.

Finalmente fueron los pequeños detalles los que no hicieron elegir lo que queríamos desde un principio.

¿Y por qué esta iglesia y no otra? Por su historia, por su mensaje, por sus personajes y por su arte. Y sí, también porque es preciosa. 


Una imagen de la Caridad en la fuente de uno de los patios.


LA HERMANDAD


La labor de la hermandad nos parece algo encomiable, ya que se dedica a ayudar a los más necesitados.

Desde su fundación, decidieron que todas las personas se merecen una sepultura digna, y esa fue su primera labor, recoger a los mendigos, ajusticiados, ahogados y extranjeros fallecidos y enterrarlos.

Con Mañara ampliaron las obras de caridad y fundaron el hospital para personas sin recursos que aún hoy sigue existiendo. A lo mejor nos encontramos a alguno de los huéspedes en la boda, porque viven allí.

Teníamos claro que ya que había que pagar a la iglesia que fuera para casarnos, que al menos ese dinero fuera destinado a una acción solidaria y no a pagar hilos de oro para bordar otro manto o plata para una nueva corona de la escultura que fuera.


MIGUEL DE MAÑARA


Un personaje absolutamente barroco y digno de la mejor novela romántica.


También tiene una calle muy cerquita.
Noble y rico, en su juventud fue todo un don Juan, y como buen Tenorio también tuvo su momento de contrición y arrepentimiento, con la diferencia de que a él le vino cuando todavía tenía tiempo de reaccionar (recordemos que al don Juan de Zorrilla apenas le quedan unos granos de arena del reloj de su vida).

¡Y vaya si reaccionó!
Se hizo hermano mayor de la Caridad, fundó el hospital, amplió las obras de caridad, y patrocinó la iglesia en la que nos vamos a casar, contratando a los principales artistas de la ciudad.

Pidió a Valdés Leal que lo representara, muerto y descompuesto, en Finis gloriae mundi, y como no le bastó, quiso enterrarse justo en la entrada de la iglesia para que todos lo pisemos, mostrando su humildad. Así que a nadie se le olvide pasar por encima de Mañara, puesto que es lo que él quería.


LA IGLESIA


¿Sabéis que la iglesia de la Caridad corresponde a un tramo de nave de las Atarazanas? Por eso su tamaño, para aprovechar los cimientos.

Como arquitectura, es un claro ejemplo de barroco sevillano: Un volumen sobrio, liso, sin nada que llame la atención. Estructuralmente no tiene nada que lo haga barroco. ¿Y, por qué es, entonces, una de las joyas del barroco español? Ahí está el truco: en la decoración.


El interior está lleno de obras de arte que hablan de la intención de la institución.



En el interior, miréis donde miréis, todo está perfectamente controlado creando una unidad estilística absoluta. Y es que Mañara no escatimó en gastos: los mejores yeseros, retablistas, escultores y pintores para crear una ambientación barroca perfecta.

Bernardo Simón de Pineda para los retablos; Pedro Roldán para la escultura; Murillo para las pinturas de la nave y Valdés Leal para las de del coro y sotocoro.

Insuperable.



EL PROGRAMA ICONOGRÁFICO


No nos bastaría con la bonita iniciativa que llevó a construir la iglesia, los maravillosos artistas y el aura de leyenda que acompaña al personaje principal de la hermandad si el programa iconográfico no hubiera estado acorde a todo.

Es él quien remata la faena.


Dos de nuestras obras favoritas: In ictu oculi y Finis gloriae mundi.



Si se hubieran olvidado los nombres y perdido el Discurso de la Verdad de Mañara, sería la propia iglesia la que nos contaría lo que representa. Su mensaje es claro y comprensible (si se sabe ver) y a pesar del tiempo y los expolios, sigue siendo perfectamente capaz de mostrarlo.

Los pies y el sotocoro nos recuerdan la fragilidad de la vida, y que llegado ese momento se nos valorarán las buenas y malas acciones, ¿hacia dónde se inclinará entonces la balanza? Para conseguir que sea hacia el lado del cielo, tenemos que ser caritativos con el prójimo, ¿y cómo? Eso es lo que nos cuenta la nave y el retablo. Y de remate, en el coro, una cuestión fundamental para que la caridad sea real: la humildad.

¿No es un mensaje maravilloso?


Otro de los patios del Hospital.







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